Barbara entonces le sonrió, comenzando a caminar hacia donde se encontraba Paul para posicionarse justo tras este.
—Supongo que no has hablado con Emma, no te ha contado de la linda plática que hemos tenido —comenzó a decir, no como una pregunta; sino que se trataba más bien de una afirmación.
—No, ¿que tenía que decirme? —le preguntó un tanto temeroso por lo que hubiese pasado con Emma.
—¡Valla! Así que tendré el placer de decírtelo yo misma, que buena suerte la mía —aseguró, aparentemente sat