Oliver entonces se acercó hasta la cama; tomando en sus brazos a su hijo, quien no paraba de verlo. Aunque pequeño era muy vivaz; parecía poseer una comprensión mayor de la posible para un bebé de su edad.
—También me lo dijo a mí. Por eso quería hablar contigo —admitió, tratando de ser cuidadoso con lo que diría.
Emma temía lo que tuviera para decirle, así que trato de actuar con normalidad y sin ponerle mucha atención. Creía que si lo hacía de ese modo y si tenía suerte, entonces guiaría la co