En el instante en que ella le escucho, sintió como su corazón se aceleraba y su mundo daba vueltas.
Al voltear a verla, Oliver se dio cuenta de que había palidecido y le veía atentamente, lo cual le preocupó.
—Déjame ponerlo en la cuna —le pidió, consciente de que eso era lo mejor para su salud.
Cuando lo dejaba se le hizo no solo fácil, sino normal darle un beso en la frente; así que lo hizo. Al voltear a verla de nuevo, se dio cuenta de que su semblante era aún peor.
—¿Sabes que eres su padre?