Apenas llegaron, Paolo ayudó a Oliver a subir de nuevo a su silla de ruedas sencilla y entrar a la casa sin demora.
—¡Mamá!, ¡todos vengan acá rápido! —les grito apenas atravesó el umbral de la puerta principal.
Al escucharlo, todos llegaron corriendo de donde estuvieran en la casa, preocupados por sus gritos; para encontrarse con ellos en la sala. Su angustia era lógica considerando que Oliver había salido con Paolo de forma intempestiva y sin avisarle a nadie, lo cual los tuvo todo el día preo