CAPÍTULO 44
—¡Están locos! Yo no soy ninguna loba blanca, , Yo era una bastarda, la hija ilegítima de un Alfa, y nunca en mi vida he tenido linaje de loba blanca.
Pero ellos insistían. No escuchaban razones, Parecían tener esa idea en la cabeza
Uno de los ancianos hizo una señal y dos lobos me sujetaron los brazos. Intenté resistirme, pero me inmovilizaron. Sentí un corte en la mano, pusieron mi sangre en un tazón lleno de un líquido espeso que parecía oro derretido.
Mi sangre cayó dentro y comenzó a brillar, un destello que se volvió una luz tan intensa que tuve que apartar la mirada. El oro dejó de moverse, solidificándose. Los ancianos empezaron a aplaudir emocionados, como si hubieran descubierto un tesoro perdido.
—Es ella —dijeron—. La loba blanca sanadora, nuestra arma, nuestro milagro.
Me quedé paralizada del miedo
El Alfa de la manada entró en la celda.
—Perdona el trato que hemos debido darte —dijo—. Eres un tesoro de guerra. Una loba blanca no aparece en siglos. Y una lob