CAPÍTULO 47
Sentía que me apretaba el pecho. Lo primero que pensé fue en las amenazas de Román. Sabía que era capaz de cumplirlas. Si quería hacerme daño, no lo haría conmigo. Lo haría con lo más importante de mi vida: mi hijo. Intenté levantarme para buscar a Kaleb y preguntarle qué estaba pasando realmente, pero mi cuerpo no respondía. Las piernas me dolían, la cabeza me pesaba.
Tomé a mi bebé con cuidado. Intenté darle de comer, pero apenas tenía fuerzas y no sentía leche. Ares empezó a llorar desesperado, retorciéndose en mis brazos. Me temblaban las manos.
—No puedo… —murmuré frustrada—. No tengo leche. No sé qué hacer.
Cristal se acercó de inmediato y me lo pidió con los brazos estirados.
—Dámelo —susurró, tranquila—. Ya comió mi hija. Puedo darle a él también.
Se sentó en la orilla de la cama y acomodó a mi bebé en su pecho. Ares se calmó en segundos. Verlo así me relajó un poco, aunque me dolió no poder ser yo quien lo alimentara.
—Gracias… —murmuré.
Ella sonrió, sin apartar