CAPÍTULO 48
Sabía que Úrsula era una informante de Román. En cuanto llegamos, le pedí a mi padre unos minutos para hablar con ella a solas. Él estaba muy nervioso y me pidió, casi suplicando, que no la tratara mal.
—No quiero más discusiones en esta casa.
Solo asentí. No tenía fuerzas para discutir.
—Solo le preguntaré algunas cosas que necesito aclarar.
Papá salió de la habitación, Úrsula empezó a caminar de lado a lado analizando cada rincón. Luego me aplaudió con esa ironía que siempre usaba para humillarme.
En cuanto intentó acercarse para mirar a mi bebé, lo abracé más fuerte y giré el cuerpo para mantenerlo lejos de su vista.
—No tienes que ponerte así —dijo con desdén—. Ya sé que descubriste mi relación con Román.
Me quedé en silencio. Ella continuó:
—No importa lo que creas haber visto. Tú sabes muy bien que tu padre nunca te creería. Para él, yo soy su compañera, su Luna, Tú siempre has tenido rencillas conmigo. Diría que es un invento tuyo.
Tenía razón, y eso me dolía.