CAPÍTULO 51
Narra Ariadna
No podía aceptar lo que Úrsula estaba diciendo, lo único que pensé fue en mi hijo y en Kaleb. No podía dejarlos. No después de todo lo que habíamos pasado.
—No voy a alejarme de ellos —dije firme—. Esto es una trampa tuya, Úrsula. Siempre encuentras la forma de manipularnos. Ahora quieres usarme otra vez para tus planes.
Ella me sostuvo la mirada sin pestañear. No se veía molesta, más bien segura de su propuesta.
—Créeme o no —respondió con un tono seco—, pero es la única manera de salvar a tu hijo. Si te quedas, Román los encontrará. A los dos. Y no habrá forma de detenerlo.
Me quedé sin palabras por un momento. Sentía la garganta seca, me costaba respirar. Quería negarlo. Quería pensar que había otra solución, que Kaleb podría protegernos, que la manada estaría lista para enfrentar a Román. Pero una parte de mí sabía que no era cierto. Román era capaz de hacer cualquier cosa.
Cristal se acercó y puso una mano en mi brazo, estaba llena de angustia.
—No qui