CAPÍTULO 50
Saber que mi hijo era un Lycan me dejó impactado. No esperaba algo así. Ariadna nunca me dijo nada y, por un segundo, pensé que tal vez ni ella sabía la magnitud de lo que llevaba en el vientre.
Román, en cambio, sonrió como si acabara de recibir el mejor regalo de su vida. Esa expresión me heló la sangre. Si ese rumor se confirmaba, todos irían tras mi hijo como si fuera un trofeo, un arma para la corona, para tener poder.
No podía permitirlo.
—Eso tiene que ser mentira —dije de