CAPÍTULO 50
Saber que mi hijo era un Lycan me dejó impactado. No esperaba algo así. Ariadna nunca me dijo nada y, por un segundo, pensé que tal vez ni ella sabía la magnitud de lo que llevaba en el vientre.
Román, en cambio, sonrió como si acabara de recibir el mejor regalo de su vida. Esa expresión me heló la sangre. Si ese rumor se confirmaba, todos irían tras mi hijo como si fuera un trofeo, un arma para la corona, para tener poder.
No podía permitirlo.
—Eso tiene que ser mentira —dije de inmediato—. Es otra estrategia suya para quedarse con la manada. No podemos creer una sola palabra de lo que diga.
Román dejó de sonreír y me miró como con rabia.
—Acepta que hasta en eso te gané —respondió—. Mi esposa sí me dio un hijo varón poderoso. Tu esposa no pudo hacerlo. Eso demuestra que yo soy el que debe liderar la manada.
Me hervía la sangre.
—No voy a dejar que te quedes con la manada basado en un rumor —repliqué—. Ni siquiera sabemos si ese hijo existe.
El consejo intervino antes d