CAPÍTULO 30
El día de la boda llegó, ya no era un plan, era un hecho, Me desperté con un nudo en el estómago, muy nerviosa y con las manos frías.
Después de todo lo que había pasado, había tomado una decisión: casarme con Román. Él había sido bueno conmigo, él me había cuidado, y en cambio Kaleb… estaba más que demostrado que a pesar de amarnos con locura, el destino no estaba escrito para los dos.
Después del embarazo de mi hermana, lo único que quería era alejarme de él para siempre. No quería verlo, no quería sentirlo cerca. Estaba cansada de ser la otra, de esconderme, de rogar por ocupar un lugar que definitivamente nunca fue mío.
Mientras intentaba terminar de arreglarme, la puerta se abrió en un estruendo, Úrsula entró con su arrogancia por delante.
Llevaba una copa en la mano y una sonrisa burlándose de mi dolor
—¡¿Que haces aquí?! No te quiero ver —le dije furiosa
—Qué curioso —dijo mirándome de arriba abajo—. ¿Qué se siente saber que todo lo que tú deseas lo tiene mi hija?