CAPÍTULO 32
Me quedé mirando a la anciana sin poder moverme, sus palabras me dejaron en shock, sin entenderla, era el nombre de mi mamá, pocas veces lo escuché después de lo que sucedió.
—¿Cómo sabes el nombre de mi madre? —pregunté con la voz temblando intentándo buscar respuestas —. ¿Cómo lo sabes?
La anciana sonrió, me acarició la mejilla, sus ojos tenían esperanza, como si estuviera viendo a alguien que llevaba años esperando.
—Mary… —susurró otra vez—. Eres mi Mary.
Negué de inmediato.
—N