Elena apenas sentía sus pies mientras subía las escaleras del viejo edificio. No quiso tomar el ascensor. El zumbido de la ciudad ya era bastante para su cabeza a punto de estallar. Su hermana vivía en el cuarto piso, sin portero eléctrico, sin cámaras, sin nada que protegiera el pasado que ambas habían enterrado hacía seis años.
Cuando Clara abrió la puerta, la expresión en su rostro era la de alguien que ya sabía que las máscaras iban a caer.
-Entra -dijo simplemente, y se apartó.
Elena obede