CAPÍTULO 9
Amy se acerca tanto que puedo ver la dilatación de sus pupilas. Sus manos salen de sus bolsillos y se apoyan en la barra, una a cada lado de mi cuerpo, atrapándome. Esto fácilmente se podría considerar acoso laboral. Y, aun así, me quedo en silencio. Con todo, su perfume me envuelve, pero esta vez no es reconfortante; es agresivo.
—No me importa quién empezó —sisea cerca de mi cara—. En este edificio, tú eres mi secretaria. Mi empleada. Y no voy a tolerar que des lástima o que busqu