CAPÍTULO 8
El zumbido del aire acondicionado en el piso 49 ahora lo siento más fuerte o, quizás, es solo que mis sentidos están a flor de piel después de nuestro encuentro en el almacén. Cada vez que la puerta de madera oscura de Amy se abre, mi columna se tensa como la cuerda de un violín a punto de romperse. Han pasado apenas unas horas desde que me dejó temblando entre las cajas de archivos viejos, y la frialdad con la que me ignora ahora es casi más dolorosa que su intimidación.
Son las 3