CAPÍTULO 11
—Estás nerviosa, Camila —afirma. No es una pregunta, es una observación cargada de una satisfacción oscura—. ¿Por qué? ¿Es porque estamos solas? ¿O es porque te diste cuenta de que Julian no podría ni siquiera imaginar cómo tocar estos papeles y mucho menos a ti?
El nombre de Julian actúa como un recordatorio de su furia de esta tarde. Me giro un poco para mirarla y es un error. Nuestros rostros están a escasos centímetros; puedo ver el azul infinito de su iris, la pequeña cicatriz