CAPÍTULO 5Asiento, tomando nota mental de todo. Ella se acerca de nuevo, esta vez deteniéndose frente al gran ventanal que muestra el horizonte de Nueva York. La luz del sol golpea su silueta, creando un aura casi celestial alrededor de su cabello negro, pero yo sé que no hay nada de ángel en ella; o por lo menos por lo que he oído.—Acércate —me ordena sin girarse.Camino hacia ella, deteniéndome a un paso de distancia. Desde el piso 49, la ciudad se ve diminuta, una maqueta de cemento y prisa.—Mira hacia abajo, Camila. Todo lo que ves, cada luz, cada edificio que lleva el sello de una editorial, es competencia o es mío. Y yo no tengo intención de perder ni un centímetro de lo que me pertenece. ¿Sabes lo que les pasa a los que no pueden seguir el ritmo?—Se quedan atrás —susurro.—Se hunden —me corrige, girándose ya para mirarme de nuevo—. Y tú estás en una posición muy precaria. Estás aquí por un capricho del destino y por la insistencia de Susana, pero para mí todavía eres e
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