CAPÍTULO 21
Me despierto con una determinación que me hace sentir miedo de mí misma. Hago toda la rutina matutina de todos los días: bañarme, cepillarme, preparar café, desayunar... Y, por último pero no menos importante, la ropa: esta vez elijo una falda tubo negra que se ciñe a mis caderas y una blusa de seda blanca, casi transparente, que deja adivinar el color del encaje de mi sujetador si la luz da en el ángulo correcto. Me suelto el cabello dejando que las ondas castañas caigan salvajes