CAPÍTULO 24
Me muerdo el labio inferior, pensando en lo que debo hacer. Un pensamiento muy descabellado sale de mi boca antes de que tenga tiempo de procesarlo:
—¿Es esto lo que les has hecho a tus anteriores secretarias?
Su mirada cambia tan rápido como un parpadeo: ya no me está mirando con deseo, sino que su rostro se ha endurecido.
—No tengo por qué darte ninguna explicación, Camila. No olvides que fuiste tú la que aceptó venir a mí en primer lugar. Si sabes leer, entiendes perfectamente