Tengo las manos de Conrad sobre mis hombros, que me ayuda a caminar a ciegas por el pasillo del restaurante donde me han citado hoy. Mi madre me ha ordenado venir, algo que no me causó extrañeza. Aunque sí el hecho de que nada más llegar, el hijo de Elizabeth, una amiga de mi madre, me recibió con un ramo de rosas rojas perfumadas, una sonrisa soberbia que pretendía ser amable y una venda negra. También alabó mi vestido y lo hermosa que me veía esa noche, no pasé desapercibida la mirada obscen