El sonido de la campanilla ruidosa del ascensor, me saca de mi ensimismamiento de dolor. Respiro profundo y con dificultad y solo entonces me doy cuenta que estoy semidesnuda y descalza. Me envuelvo en mi abrigo y salgo, sin importarme la mirada alarmada del portero cuando paso corriendo por delante.
Corro porque necesito escapar cuanto antes. Resiento más que nunca haber dejado mi coche tan lejos, pero el aire que quema en mi pulmones y lo ardiente de mi ojos, me motivan a acelerar y llegar c