Capítulo 97. El eco en el nido vacío
El motor de la camioneta de Arthur apenas se había detenido cuando Julian ya tenía la mano en la manija de la puerta. Salió del vehículo ignorando el quejido sordo de su hombro izquierdo y subió en el ascensor hacia el ático con el corazón latiéndole en la garganta. Treinta días de encierro, de fiebre y de dudas se reducían a este momento. Solo necesitaba ver a Eleanor, envolverla en sus brazos y convencerse de que el mundo exterior no se había destruido por completo.
Abrió la puerta principal