Capítulo 93. Marcado en la mejilla
El silencio sepulcral de la camioneta se rompió. Una oleada de pánico claustrofóbico, alimentada por los diez años de encierro y el terror a la sombra de Silas, le estalló en el pecho. Isabel abrió los ojos de golpe, desorbitados, y fijó la mirada en la figura de Arthur, que seguía de espaldas bajo la lluvia.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, levantó los puños y comenzó a golpear el vidrio de la ventana trasera.
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
—¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí, por favor! —comenzó a gri