Capítulo 94. Entre cielo y tierra
El crujido de las hojas secas golpeando contra el cristal de la ventana era el único recordatorio de que el mundo exterior seguía girando. Julian Thurne permanecía sentado al borde de la cama, con la camisa a medio abotonar. Se pasó una mano por el rostro, rozando la barba de varias semanas, y soltó un bufido de pura frustración cuando un pinchazo agudo le recorrió el hombro izquierdo al intentar rotar el brazo.
El humor del escritor, tras treinta días de encierro forzado, se había vuelto tan