Capítulo 40. El Trato se Sella en la Piel
Eleanor recuperó el aliento, aunque el corazón le golpeaba contra las costillas. Cruzó los brazos sobre el pecho, tratando de recomponer su autoridad frente a la imponente figura que llenaba su salón.
—Vaya... qué maleducado —soltó Eleanor con un tono gélido, aunque sus ojos traicionaban una chispa de agitación—. No recuerdo haberte dado permiso para entrar así en mi casa, señor Thurne.
Pero Julian ni siquiera pestañeó. Su mirada seguía fija en ella, ignorando el reproche. A su lado, el silenci