Capítulo 29. Orgamos en el Mausoleo de Seda II
Julian no necesitó más invitación. El ruego de Eleanor fue el detonante que pulverizó los últimos restos de su control, transformando al hombre calculador en una bestia de deseo puro. Con un movimiento rápido y voraz, él se deshizo del resto de su ropa, revelando una anatomía imponente, tensa por el deseo acumulado durante años de rencor y anhelo. Eleanor vislumbró la erección masiva, palpitante y oscura, antes de que el cuerpo de Julian se cerniera sobre ella, ocultándola de la vista. Cuando s