Capítulo 27. Sometida al Deseo
El silencio de la mansión en Chelsea, que Eleanor siempre había considerado su mayor escudo, se convirtió de pronto en una trampa de cristal. Julian la mantenía prisionera contra su propio cuerpo, y el roce de sus pechos agitados contra la dureza del pecho de él era una confesión que ella no quería hacer: su cuerpo estaba respondiendo a la invasión con una traición biológica.
—Suéltame, Julian... —musitó ella, empezando a forcejear. Sus manos se hundieron en los hombros de él, intentando crear