El silencio era espeso, sofocante.
Wyn apenas tuvo tiempo de inhalar cuando la presión en su muñeca se soltó de golpe, solo para ser reemplazada por un tirón seco que la hizo perder el equilibrio. Un segundo después, el mundo giró violentamente.
—¡Eh! —exclamó, sin poder hacer nada cuando la fuerza de Davian la levantó sin esfuerzo.
En un abrir y cerrar de ojos, estaba colgada sobre su hombro como si no pesara más que un saco de harina.
—¡Bájame!
Wyn forcejeó, pateando en el aire, pero su