Wyn se metió a la ducha sin mucho ánimo. Cerró la puerta de vidrio, giró la llave y dejó que el agua tibia le cayera de lleno sobre la cabeza. Cerró los ojos, con el ceño fruncido, y dejó escapar un largo suspiro. Tenía el cuerpo cansado, la mente revuelta y los ojos irritados por no haber dormido bien.
Se pasó ambas manos por la cara, arrastrando el agua, intentando relajarse. Pero ni el calor del agua ni el silencio del baño la ayudaban.
Terminó de bañarse sin apuro, con movimientos lento