Si Davian tenía un talento especial, además de su habilidad para asesinar sin remordimientos, era el de ignorarla con una dedicación casi admirable.
Wyn había perdido la cuenta de cuántas veces había bufado en los últimos tres días. Desde que él le leyó las notificaciones de su teléfono, su actitud había dado un giro de ciento ochenta grados.
No es que antes fuera particularmente cálido, pero al menos la miraba cuando hablaba. Ahora ni eso. No respondía, no mostraba ni el más mínimo interés