El inicio de una guerra.
—¡Matt! ¡No puedo seguir tu ritmo con estos zapatos! — increpé llamándolo, pero ni siquiera se giró para mirarme.
—¡Me estás escuchando! —volví a propinar mientras le seguía como podía.
—Sí, perfectamente, pero te estoy ignorando apropósito —soltó una carcajada caminando más rápido.
—¡Matt! — grité de nuevo enojada. —Deja de ser tan inmaduro pedazo de tonto, tengo que ir a casa mañana empiezo mi primer día de trabajo.
—Oh, qué boca tan sucia tiene señorita hacket… que v