—Es tan absurdo, y estúpido… —solté guardado todo en una caja mientras no podía dejar de pensar en lo mismo.
—Sea lo que sea, podría parar de azotar el inmobiliario del gimnasio. Con tus arrebatas terminaremos en bancarrota —propino Paul entrando en la habitación con una caja que dejo en el suelo.
—Perdón… —soltó un suspiro y dijo.
—¿Ahora qué te pasa? —me gire para mirarle mientras recogía el almacén de suministros de limpieza.
—Quieres saberlo…. ¿De verdad?
—Para eso pregunto, tonta.
—Pues dé