—Quieres morir… —susurro con una voz carrasposa desnudo de torso para arriba, mientras su aliento caliente acariciando mi piel. Solo estaba a unos centímetros de mí.
—¿Eso es lo que quieres hacer? —inquirí sintiendo como golpeaba con fuerza mi corazón.
—No sabes dónde te has metido…
—¿En la boca del lobo? — indiqué jocosa, pero por dentro una ola de nervios me mantenía a la expectativa.
—No bromeó, Ángela… vete, ahora.
—No quiero.
—¡Tú no decides esto! Tiene que irte ahora mismo antes de que te