—¡Abre la maldita puerta! —propino de nuevo Berenice pateando la puerta.
—¡matt, que esperas ábrele ya! —propine al ver que se había quedado en shock.
—¿que…? em… si tienes razón. —le mire con desagrado y el soltó con rapidez.
—espera, y tu… que quieres hacer. —dijo vistiéndose con rapidez.
—¿cómo que quiero hacer? —propine enojada con la situación y de paso con él, por no ser mucho más fácil. Pero en resumidas cuentas yo había venido aquí por mis propias decisiones. Me levante enojada conmigo