CAPÍTULO 36. AZREL
Debo estar perdiendo la cordura.
El pensamiento cruzó mi mente mientras giraba lentamente el coñac en el vaso, eran apenas las ocho de la mañana. Y aun así… Ahí estaba.
No había dormido nada en toda la noche, ni un segundo, mi lobo no me lo permitió, se había vuelto… insoportable, pareciera que algo dentro de él hubiera despertado de golpe.
Apreté la mandíbula.
— ¿Qué demonios te pasa…? —murmuré por lo bajo.
Pero sabía la respuesta, no era un “qué” era un “quién”.
Desde el momento en que la tu