CAPÍTULO 49. ÉXTASIS
Pude distinguir al lobo de Vera entre los demás era hermosa.
Más pequeña que el promedio, pero increíblemente ágil. Su pelaje blanco perla brillaba incluso en la penumbra, como si capturara la luz a su paso, se movía con una velocidad impresionante, casi imposible de seguir con la vista.
Sentí un leve nudo en el pecho, claro que era envidia, era difícil de ignorar.
Yo también quería eso, quería que Myra saliera… correr junto a ellos, sentir esa libertad, esa conexión con la manada que aún me re