Sophia envió el mensaje y apagó el teléfono antes de que pudiera ver si Thomas respondía. Lo dejó caer a un lado de la cama y se quedó mirando el techo, sintiendo cómo el peso del mundo se hundía sobre su pecho.
El dolor era físico. Un puñal en el estómago. Un ardor en la garganta que no podía tragar.
Había confiado en él.
Había bajado la guardia, lo había dejado entrar en su vida, lo había dejado entrar en su corazón. Se había dejado desnudar, no sólo el cuerpo, sino el alma. Se había quitado