Gabriel se sirvió un trago, observando la pantalla de su teléfono con sonrisa triunfal. Se acercó a su ventanal y observó la ciudad a través del cristal. Desde ahí, todo parecía tranquilo. Pero sabía que, en algún rincón de la ciudad, había alguien al borde de la desesperación.
Thomas.
El sonido del elevador anunció que alguien había llegado. Sabía quién era, pues evidentemente iba a venir para celebrar con él.
—¡Lo lograste, Gabriel! —dijo la voz de Lucas a su espalda—. ¡Por fin hiciste que es