Sophia se enterneció con ese plan tan disparatado como inocente.
—Eres muy amable, Xavi. Pero tú viste que mi casa no está precisamente muy cerca de nada. Dudo que, a tus amigos, o a los padres de tus amigos, les parezca buena idea conducir hasta tan lejos sólo por unos cuantos dulces, mi cielo —le explicó con calma y paciencia.
Xavier pareció evaluar la situación. Miró a su padre, como buscando apoyo.
—¿Y si venimos aquí en la noche de Halloween para hacer compañía a Sophie? —le preguntó el ni