Thomas caminaba lentamente junto al Oso, sintiendo el peso del anciano sobre su brazo mientras lo ayudaba a mantener el equilibrio. Abrieron la puerta que daba al enorme jardín y caminaron con cuidado hacia el exterior. El viento había comenzado a levantarse, trayendo consigo el olor a tierra mojada que precede a la tormenta. El jardín del hospicio estaba tranquilo, con algunas hojas secas que se arremolinaban cerca de los setos. Los remanentes de un otoño tardío en ese año. Los árboles, altos