El sonido rítmico de la lluvia golpeando el techo del porche envolvía a Thomas y Sophia en una burbuja aislada del resto del mundo. Ambos estaban sentados en un banco de madera en la entrada del hogar de ancianos, esperando a que la tormenta amainara lo suficiente como para poder marcharse a sus casas. Sophia, con las rodillas juntas y las manos entrelazadas entre los muslos, observaba con atención cómo las gotas de agua resbalaban por los árboles y el asfalto mojado. Parecía perdida en sus pen