El sonido de la puerta cerrándose todavía resonaba en su cabeza cuando Sophia llegó al auto. Su cuerpo se movió por inercia: abrió la puerta, se sentó al volante, encendió el motor. Pero no arrancó.
Se quedó allí, con los dedos crispados sobre el volante, la mirada fija en el camino frente a ella sin realmente verlo. La respiración le temblaba, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que no tenía control sobre nada.
La conversación con Thomas había sido un desastre. Peor de lo que imaginó. No