Nuevamente el tiempo estaba sumamente cambiante. Ahora hacía un calor terrible, algo que obligó a Sophia a ir al hospital de niños en el automóvil para poder evitar un golpe de calor. Dejó el auto aparcado en su lugar del estacionamiento y bajó del vehículo. Había llegado cinco minutos más temprano de lo normal por haber cambiado su medio de transporte, pero tan pronto salió del refugio fresco que le ofrecía el aire acondicionado de la cabina, se vio golpeada por el duro mazo caliente del cemen