Thomas rio ante esa muestra de espontaneidad. Ambos compartieron una sonrisa, como si ese momento de ligereza hubiese disuelto algo en el aire, algo que había estado tensando la noche. Thomas la miró un segundo más antes de tomar su mano, apretándola suavemente, pero con una firmeza que hacía que Sophia sintiera la calidez de su piel.
—Mucho gusto, Sophia —respondió él, con una sonrisa que rara vez se veía en su rostro, casi infantil por un instante—. Soy Thomas.
Ambos rieron suavemente, disfru