El viento sabía cosas que él aún no se atrevía a nombrar. Secretos que iban a ser develados ni bien Thomas se quite los botines para siempre.
Soplaba con esa fuerza tibia del atardecer incierto, cuando las luces del estadio todavía no terminan de imponerse sobre la claridad del cielo, y los cánticos rebotan como ecos lejanos de una guerra que ya no le pertenece.
Thomas Sclavi cerró los ojos.
El mundo era una amalgama de rugidos, banderas, flashes y pasto recién cortado. Pero en su pecho, todo e