Con dedos algo temblorosos, Sophia dio vuelta el sobre. Lo abrió y extrajo una gruesa carta de su interior. La desdobló y observó la atropellada caligrafía de Thomas que se extendía en tres páginas.
Empezó a leer con cuidado.
Sophie:
No sé por dónde empezar. Tal vez porque uno nunca sabe cómo empezar cuando tiene que decir adiós. Y yo… nunca fui bueno para hablar de lo que sentía. Ni siquiera contigo, que fuiste lo más cercano a un hogar en esta vida de ruidos y colisiones. Pero voy a intentarl