La noción del tiempo en la isla era distinta a la del resto del mundo. En la ciudad, los segundos se medían en transacciones bursátiles y movimientos de tropas; aquí, los marcaba el ritmo de la marea y el cambio de color en los ojos de Alexander.
Camila se despertó antes que el sol. Se quedó inmóvil, sintiendo el peso reconfortante del brazo de su esposo sobre su cintura. La respiración de Alexander era profunda, rítmica, libre de los espasmos de terror que habían marcado sus noches desde el re