La tormenta después de la tormenta no fue de truenos, sino de silencio.
Tras la ejecución de Marcus Thorn en la casa de la playa, Alexander se había transformado. No era la versión recuperada que Camila esperaba; era un espectro de furia contenida. Durante tres días, se encerró en su despacho de la mansión, rodeado de mapas, perfiles financieros de sus enemigos y el brillo azul de las pantallas que escupían datos sobre los Moretti. No dormía. Apenas comía. Su pierna, aún débil, temblaba por el