El viaje de Miami a Washington D.C. fue una preparación silenciosa para la guerra. Alexander Blackwood no era ajeno a las batallas de la alta gerencia, pero esta vez, la lucha no era contra un competidor externo, sino contra la podredumbre incrustada en los cimientos de su propio imperio. Camila Ríos iba a su lado, no solo como su prometida, sino como su única estratega y ancla emocional.
En el jet privado, Alexander repasó los documentos financieros y los contratos de asociación. Estaba buscan