El silencio en el despacho de mi padre era tan denso que casi podía saborearse. Elena se mantenía cerca de la puerta, como un buitre esperando su turno para picotear, mientras Bianca intentaba recuperar su máscara de inocencia, aunque el temblor en sus manos la delataba.
—Es muy sencillo, papá —dije, apoyando las manos sobre su escritorio fino con una calma que lo descolocó—. Bianca quiere a Julián. Julián ya la tiene a ella. Hagamos el cambio de novia y todos ganan. El apellido Rossi sigue uni