Al día siguiente desperté en mi habitación de la mansión Rossi con una sensación extraña: no sabía dónde estaba parada ni hacia dónde correr, la incertidumbre me estaba consumiendo.
Mi primer pensamiento fue para Julián. O más bien, en cómo sacármelo de encima definitivamente. La idea de los exámenes médicos había sido un buen primer golpe para ganar aire, pero sabía que mi padre y los Lombardi no tardarían en reaccionar y debía definir mi próximo movimiento.
Al levantarme, mis ojos dieron con